7 alarmas, 7 causas
Con un madrugón por delante me
encuentro hoy, sentada delante del
ordenador, ordenando el día y desprogramando mi cerebro y las cincuenta alarmas
de mi móvil para el fin de semana que se acerca.
Hay pocas cosas que me produzcan
tanto placer como el hecho de que llegue el momento de irme a dormir un viernes
por la noche y desconectar las siete alarmas que tengo programadas en mi móvil para
levantarme.
Siete, sí, como los días que
tiene la semana, que curioso, me acabo de dar cuenta; la primera es de aviso,
siempre con la intención de que sea la que te haga pegar el bote de la cama, la
segunda, de pre aviso, que normalmente es un segundo después, aunque realmente
son 10 minutos reales de reloj, la tercera es la que pasa a primera y me
advierte y me recuerda que si aprovecho ésta, mi rutina mañanera tiene los
tempos asegurados, la cuarta es la de… vamos, que ya tienes que quitarle tiempo
al momento café, la quinta es el aviso de que si no estoy ya en la ducha deje
lo que estoy haciendo y vaya corriendo, la sexta es la de ya tienes que estar
vestida y duchada que es hora de despertar a los niños, y la séptima, sal por
la puerta ya, que no llegamos a todo y los niños tienen un caminar más lento y
hay que llevarlos a casa de la suegra.
Al final siempre es un estrés
porque tu programas tu agenda, pero no cuentas con que siempre falta algo, con
que tienes dos hijos y es un milagro que los dos se despierten de buen humor y
colaborativos, con que no les apetezca la ropa que tienen preparada para
ponerse ese día, tampoco cuentas y por supuesto no controlas, los pipis de
urgencia y de ultimísima hora justo cuando estás en la puerta de casa para
salir, ni con la bolsa que se te olvida, con el almuerzo, la agenda, el libro, la carpeta de música, tú propio
tupper, la chaqueta que luego te sobra y vas cargando todo el día, las gafas de
sol que dejas a última hora en algún sitio de tu casa, porque piensas que no
las vas a necesitar, porque te imaginas que el día va a estar nublado, pero que
en realidad lo que pasa es que ya no te cabe nada en ese bolso tuyo cuya
capacidad está al límite, y luego te arrepientes prácticamente desde el minuto
cero de no haberlas cogido, y cuya ubicación y paradero no descubres hasta días
después, que es cuando las vuelves a coger y a guardar en tú bolso mary
poppins, para darte cuenta que ese día, justo ese día, no te hace falta usarlas
ni en un sólo momento, porque además de no hacer sol, llueve, y cómo no,
tampoco has cogido paraguas, y como no, ese día tampoco has cogido la chaqueta, pero lo peor no es
eso, lo peor de todo, es que ese día le has puesto pantalón corto y manga corta
a los niños, y el chubasquero… ¿Qué es eso?, ni siquiera lo tienes a mano, peor
aún, no sabes ni dónde lo tienes, y entonces al final del día, todos habéis
pasado frío, os habéis mojado, y llegas a la conclusión, que ahora sí, que ya está, que se acabó el calor y a la
mañana siguiente abrigas a tus hijos como si fuera a caer el diluvio universal,
pero entonces tú hija se queja y te dice que pasa calor en la clase, y tú erre
que erre, y el niño mira la escena y no dice nada porque no habla, o no se
atreve, o quizá ambas cosas, y entonces
la rutinaria discusión de la ropa, y la alarma de salir de casa que empieza a
sonar, la séptima, y los nervios de la
madre, yo, que empiezan a alterarse, y al final lo mismo de siempre, que va a
hacer frío que te pongas pantalón largo, que si la camiseta de manga larga, que
no quiero, que sí, que lo hago por tu bien, el niño que sigue mirando, la niña
que sigue en lo suyo, la madre a lo otro, ¡resumen!: todos abrigados de casa,
sin gafas de sol, con paraguas, con chaqueta, con pantalón largo con zapato
cerrado, con la mochila una, la bolsa el otro, la bolsa del tupper, la carpeta
de música, los almuerzos, medio despeinados todos, saliendo de casa preparados
para el frío hibernal y aún no he llegado al tren, que ya estoy con ganas de
volverme a casa, volverme a duchar, quitarme el zapato cerrado, ponerme unas
sandalias, una camiseta de tirantes, un pantalón más fresco y quedarme en mi
casa durmiendo, porque después de todo ésto, sólo son las 7:30h de la mañana, y
entonces me acuerdo de la primera alarma de todas, la que me tiene que hacer
pegar un salto de la cama y llego a la conclusión de que si hubiera conseguido
levantarme con la primera, ahora no estaría corriendo como una energúmena por
la calle para no llegar tarde al trabajo, así que no hay más, o levanto a los
niños en mi cuarta alarma, o me pongo un octava anterior a la primera, porque
no hay siete sin ocho, y el ocho es el uno, y el uno es el dos, y ahora de
pronto me acuerdo de la canción de mecano la que dice que la quinta es la una y
la sexta es la dos, y así el siete es
tres, y un año más y un día más que empezamos con todo y apenas despuntando el
alba, pero que queréis que os diga, no lo cambio por nada del mundo.
Buenas noches, cuando son las 23:02h del jueves 29 de septiembre
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