martes, 14 de marzo de 2017

17:30h


Hoy hemos llegado tarde a una cita médica con mi hijo. Convencidos estábamos que teníamos hora a las 18:30h. Pero no, y era una hora después de la acordada previamente, cuando entrábamos mi marido y yo con nuestro hijo pequeño al “establecimiento médico”.

Me vais a perdonar pero en mis años como trabajadora asalariada, además de otras ocupaciones, también he sido recepcionista, he trabajado de cara al público, y años he estado atendiendo llamadas, y la verdad, nunca he sido tan impertinente ni he repetido tantas veces una misma cosa a nadie.

Yo he ido relajada y con la guardia baja, pues tranquilamente y a la hora indicada, ilusa de mí, estábamos mi marido y yo en el ya mencionado anteriormente, “establecimiento médico”, y así, con la tranquilidad de madre responsable y puntual, me he dirigido a la recepción del centro con mi vástago cogido de la mano, y él, al igual que yo, modoso y formal además de tranquilo.

Con toda la amabilidad que me caracteriza, en ocasiones dicho sea de paso, le he dado las buenas tardes a la responsable de ocupar ese pequeño habitáculo acristalado y le he confirmado con decisión y predeterminación, y amabilidad, os recuerdo, mucha amabilidad, que teníamos hora a las 18:30, y en pocas palabras, que nuestros cuerpos presentes, calientes, vivos, estaban ya aquí, a modo de prueba fehaciente de que podía proceder y en definitivas cuentas que procediera.

Y ya íbamos mal!, porque no había yo acabado de presentarme y confirmar mi cita, que esa mujer ya indignada, ha empezado a negar con la cabeza a la par que confirmaba su gesto con el monosílabo correspondiente, mientras además, a todo esto cogía un libro de citas y horas, que parecía más una traducción de un libro de derecho romano de aquellos que “fotocopiaban” los curas hace 15 siglos en los monasterios a la luz de una vela y con papel  o pergamino o lo que fuera que fuese aquello y a posteriori lo hubieran cosido con algún tipo de hilo también del mismo período, que ella seguía ahí, renegando y agitando además, esa enorme página de 150 gramos de peso y unos 3cm de grosor y dejando pasar unos segundos que han parecido minutos de 120” para empezar a decir que era a las 17:30, varias veces seguidas ¡así! Rápidas, porque podría ser que yo fuera sorda y que no me hubiera enterado y que lo que hubiera hecho hubiera sido tan grave como haber destruido ese libro de derecho romano de hace 15 siglos que ese cura “fotocopió” dejándose la vista, la salud y casi si me apuráis la vida, y que no hubiera más copia en el mundo entero que ese tomo que yo acababa de destrozar con el esfuerzo que conlleva destruir las 500 páginas del mencionado tomo, con su peso, su tamaño y su grosor correspondiente, y habiendo sido mi marido y yo, los únicos responsables de haber eliminado y destruido para siempre la posibilidad de que generaciones futuras pudieran haber podido disfrutar del enriquecimiento de sus mentes con sus textos.

Cuando la mujer parecía que paraba unos segundos para respirar, aproveché para decirle, que habíamos anotado mal la hora, pero esa mujer…, esa mujer seguía con sus 17:30h y una vez y otra y negaba y renegaba. Me he empezado a enfadar y mi tono amable ha ido desapareciendo, mi marido en el baño, mi hijo antes tranquilo ya me estiraba para dentro de la consulta, porque a él las horas, los tomos y los reniegos de esa mujer le importaban un pimiento, él quería entrar a jugar con los juguetes, la mujer que se levanta de la silla, que como novedad introduce que cierran a las 19:00 y que claro teníamos hora a las 17:30 y se marcha renegando e introduciendo otra novedad, voy a preguntarle a la doctora, sí, sí, hable con ella ¡¡repítaselo a ella también!! Para que nos quede claro a todos y ¡¡traigan las 2 una vara a la vuelta!! ¡¡¡Para que pueda fustigarme!!! 17:30h.


Finalmente ha venido la doctora, nos hemos entendido con ella, y no nos ha mencionado la fatídica hora en ningún momento. Eso sí, al salir, y por sí no nos había quedado claro,  nos ha vuelto a decir que teníamos hora a las 17:30, y mis ojos... han salido un poco de mis cuencas.

lunes, 3 de octubre de 2016

Mi primera segunda vez.


Reunión de P3, mi hijo pequeño ha empezado el cole este año. La reunión ha sido larga, calurosa e incómoda, porque al final estás prácticamente dos horas sentada en sillas de niños que apenas miden un metro de alto.
Dos horas, embelesados todos y con la boca abierta y alguna que otra risa en algún momento, cuando la profesora explica alguna anécdota de los pequeños, y deseando empezar a ver los progresos de los que tanto nos hablan en estas reuniones, y que son muchos a esta edad en nuestros hijos.
Sales de ahí, con ganas de estirar las piernas, sobre todo, pero con ganas también, de que la profesora te avise para una reunión individualizada para hablarte de tú hijo o hija y que tú te ensanches poco a poco por lo bonito, gracioso, ocurrente y espabilado que está, y sobre todo si es el primero. Y salir por la puerta de lado, porque claro, te has ensanchado bastante y ya no puedes salir de frente, y con esa sonrisa bobalicona en la cara, que te dura horas y que mantienes todo el día en el trabajo.  Si alguien te pregunta todo es… Muy bien…, (con esa voz aterciopelada y eso tono cantarín) la verdad es que, bueno un poco como es él, ¡pues claro! Es tu hijo, como va a ser. Pero en fin, es que es lo que nos toca, inflarnos, henchirnos, multiplicar nuestro volumen por cuatro y dejar que nos rieguen los oídos con los progresos de nuestros pequeños.
Con el segundo vas por faena, se te quitan miedos y se te olvidan los tiempos propios de la edad, porque además, muchos segundos van a remolque de los primeros, y hay cosas que ya hacen antes que ellos lo hicieran a su edad, pero escucharme, que bien va que te recuerden a veces, que tus hijos son pequeños, que son niños, y que para ellos, aunque no para ti, es su primera vez.
Así que aunque quizá con algo de perspectiva y con cierta experiencia en estos menesteres, pero con la misma ilusión, pienso seguir emocionándome y llenándome de orgullo y satisfacción en las próximas reuniones de mi hijo pequeño, primero por él, porque se merece que lo disfrute igual que con su hermana, segundo también por él, porque se me merece el mismo respeto que mostré con la mayor, y tercero y siempre por él, porque se merece un volver de esa reunión y poder decirle entusiasmada lo bonita que es su clase, lo estupenda que es su profesora, y que me he sentado en su silla y he visto su nombre escrito en la mesa, aunque me haya sido imposible hacerlo porque su sitio ya estaba ocupado.
Y así lo he hecho, y cuando he ido a buscarlo a casa de sus abuelos, así se lo he explicado, y no me ha dicho nada, porque apenas sabe hablar cuatro cosas básicas, pero que contento se ha puesto y que sonrisa me ha regalado, y así, aunque no me haya sentado en su silla, aunque lo que han explicado ya lo había escuchado antes, aunque ya sé cómo funciona exactamente su escuela, aunque ya sabía a qué hora almuerzan, a qué hora bajan a jugar al patio, las canciones que cantan, lo primero que hacen por la mañana, lo que hacen después de comer, y todas esas otras actividades, y juegos y rutinas, para él, ha sido como si su madre acabara de descubrir su clase, su entorno, sus juegos, su sitio, su profesora y su colegio, y todo eso, es suyo y nuestro y es su primera vez, y mi otra primera vez.


Lunes, 3 de octubre de 2016, exactamente las 21:27h.

jueves, 29 de septiembre de 2016


7 alarmas, 7 causas

Con un madrugón por delante me encuentro hoy, sentada delante del ordenador, ordenando el día y desprogramando mi cerebro y las cincuenta alarmas de mi móvil para el fin de semana que se acerca.
Hay pocas cosas que me produzcan tanto placer como el hecho de que llegue el momento de irme a dormir un viernes por la noche y desconectar las siete alarmas que tengo programadas en mi móvil para levantarme.
Siete, sí, como los días que tiene la semana, que curioso, me acabo de dar cuenta; la primera es de aviso, siempre con la intención de que sea la que te haga pegar el bote de la cama, la segunda, de pre aviso, que normalmente es un segundo después, aunque realmente son 10 minutos reales de reloj, la tercera es la que pasa a primera y me advierte y me recuerda que si aprovecho ésta, mi rutina mañanera tiene los tempos asegurados, la cuarta es la de… vamos, que ya tienes que quitarle tiempo al momento café, la quinta es el aviso de que si no estoy ya en la ducha deje lo que estoy haciendo y vaya corriendo, la sexta es la de ya tienes que estar vestida y duchada que es hora de despertar a los niños, y la séptima, sal por la puerta ya, que no llegamos a todo y los niños tienen un caminar más lento y hay que llevarlos a casa de la suegra.
Al final siempre es un estrés porque tu programas tu agenda, pero no cuentas con que siempre falta algo, con que tienes dos hijos y es un milagro que los dos se despierten de buen humor y colaborativos, con que no les apetezca la ropa que tienen preparada para ponerse ese día, tampoco cuentas y por supuesto no controlas, los pipis de urgencia y de ultimísima hora justo cuando estás en la puerta de casa para salir, ni con la bolsa que se te olvida, con el almuerzo, la agenda,  el libro, la carpeta de música, tú propio tupper, la chaqueta que luego te sobra y vas cargando todo el día, las gafas de sol que dejas a última hora en algún sitio de tu casa, porque piensas que no las vas a necesitar, porque te imaginas que el día va a estar nublado, pero que en realidad lo que pasa es que ya no te cabe nada en ese bolso tuyo cuya capacidad está al límite, y luego te arrepientes prácticamente desde el minuto cero de no haberlas cogido, y cuya ubicación y paradero no descubres hasta días después, que es cuando las vuelves a coger y a guardar en tú bolso mary poppins, para darte cuenta que ese día, justo ese día, no te hace falta usarlas ni en un sólo momento, porque además de no hacer sol, llueve, y cómo no, tampoco has cogido paraguas, y como no, ese día tampoco  has cogido la chaqueta, pero lo peor no es eso, lo peor de todo, es que ese día le has puesto pantalón corto y manga corta a los niños, y el chubasquero… ¿Qué es eso?, ni siquiera lo tienes a mano, peor aún, no sabes ni dónde lo tienes, y entonces al final del día, todos habéis pasado frío, os habéis mojado, y llegas a la conclusión, que ahora sí,  que ya está, que se acabó el calor y a la mañana siguiente abrigas a tus hijos como si fuera a caer el diluvio universal, pero entonces tú hija se queja y te dice que pasa calor en la clase, y tú erre que erre, y el niño mira la escena y no dice nada porque no habla, o no se atreve, o quizá ambas cosas,  y entonces la rutinaria discusión de la ropa, y la alarma de salir de casa que empieza a sonar, la séptima,  y los nervios de la madre, yo, que empiezan a alterarse, y al final lo mismo de siempre, que va a hacer frío que te pongas pantalón largo, que si la camiseta de manga larga, que no quiero, que sí, que lo hago por tu bien, el niño que sigue mirando, la niña que sigue en lo suyo, la madre a lo otro, ¡resumen!: todos abrigados de casa, sin gafas de sol, con paraguas, con chaqueta, con pantalón largo con zapato cerrado, con la mochila una, la bolsa el otro, la bolsa del tupper, la carpeta de música, los almuerzos, medio despeinados todos, saliendo de casa preparados para el frío hibernal y aún no he llegado al tren, que ya estoy con ganas de volverme a casa, volverme a duchar, quitarme el zapato cerrado, ponerme unas sandalias, una camiseta de tirantes, un pantalón más fresco y quedarme en mi casa durmiendo, porque después de todo ésto, sólo son las 7:30h de la mañana, y entonces me acuerdo de la primera alarma de todas, la que me tiene que hacer pegar un salto de la cama y llego a la conclusión de que si hubiera conseguido levantarme con la primera, ahora no estaría corriendo como una energúmena por la calle para no llegar tarde al trabajo, así que no hay más, o levanto a los niños en mi cuarta alarma, o me pongo un octava anterior a la primera, porque no hay siete sin ocho, y el ocho es el uno, y el uno es el dos, y ahora de pronto me acuerdo de la canción de mecano la que dice que la quinta es la una y la sexta es la dos,  y así el siete es tres, y un año más y un día más que empezamos con todo y apenas despuntando el alba, pero que queréis que os diga, no lo cambio por nada del mundo.

Buenas noches, cuando son las 23:02h del jueves 29 de septiembre

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Señor Ñ



Miércoles 28 de septiembre de 2016

Parece que voy de 2 en 2, pero contando en años, que difícil es ser constante con las cosas, pero con cualquier cosa la verdad, hasta ponerte crema hidratante a diario, por lo menos en mi caso que se convierte en una rutina diaria que como mucho se mantiene 4 ó 5 días seguidos.

Ahora que pongo el acento en la o, me viene a la memoria, algo que leí hace unos días sobre la nueva no obligatoriedad de acentuar esta vocal entre dos números, y también toda esa lista de palabras que ahora se pueden pronunciar y escribir de manera incorrecta porque ya son aceptadas. Qué curioso esto del lenguaje, la verdad es que me pongo negra, me imagino a un montón de personas, déjenme  que haga volar mi imaginación y empiece a decir barbaridades, (que alomejor no lo son tanto) más bien mayores de cabelleras canosas (sí cabelleras que parece más antiguo y es más ornamental) algunos alopécicos (palabra que no tengo claro que exista, pero puestos a inventar y a aceptar…) con trajes de corte también antiguo, pañuelo en la americana, pitilleras de cuero, y corbatas muy anchas y clásicas apretando cuellos igual que si de una media compresora se tratara, y todos ellos, sentados en su correspondiente silla aterciopelada roja y de tapizado ya gastado y rasposo y con una letra asignada y grabada en letra muy retorcida, ¡y por qué no!, en mayúscula y en minúscula, y el señor I hablando con el señor Ñ, recordando la mala época que pasó este último pensando en que llegaba el final de su  trayectoria profesional y de sus valiosas aportaciones a la lengua castellana, pero luego comenta el señor de la letra C, que ha decidido aceptar cocreta y croqueta, porque lo dice mucha gente y así una cosa que se quita él de encima, no sé el qué, pero así puede seguir hablando tranquilamente con el señor A, que ha puesto su firma y ha dado su Ok a almóndiga, y siguen comentando lo mayores que están los nietos, y que el suyo ya ha acabado filología hispánica y el master del universo y que se casa el verano que viene y que la novia es muy guapa, muy educada y de muy buena familia, de esas que no dicen almóndigas, porque no lo necesitan porque en su casa no comen ese tipo de comida porque es de pobres.

Buff… parece que acabo de tomar aire después de estar aguantando la respiración debajo del agua, me he ido por los cerros de Úbeda, lo sé, porque en realidad yo he empezado escribiendo sobre el tiempo que hacía que no escribía y la constancia, y en pocas líneas de paso, y de manera gratuita y sin ninguna necesidad, también os he dicho que no me pongo crema hidratante, porque constancia ninguna en ése y otros menesteres, y resulta que he acabado hablando de un señor imaginario de la Real Academia de la Lengua Española que va casar a su nieto el verano que viene con una chica muy guapa.

Buenas noches y hasta la próxima.

Me despido por el momento cuando son exactamente las 22:54h del miércoles 28 de septiembre de 2016.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Two Years


Aquí estoy de nuevo, casi 2 años después, aunque ya dicen, más vale tarde que nunca.
Ya no diré aquello de... voy a intentar escribir más a menudo (aunque lo voy a intentar) porque realmente me cuesta encontrar tiempo para mi, pero a pesar de los meses que han pasado con todos sus días, todas sus horas, y todos y cada uno de sus minutos, que sinceramente no me apetece y la verdad no es ningún dato relevante a facilitar, estoy contenta de que aunque sea tarde, aquí sigan mis líneas y siguen mis ganas de seguir escribiendo.
Pues bien de nuevo se acerca el veranito, aunque estamos ya, en esa primavera extraña de la que siempre renegamos, porque una ya no sabe que ponerse, y sales por la mañana con esa chaqueta que luego llevas arrugada hasta que te la vuelves a plantar con arrugas incluidas al final del día, y acabas de nuevo con ganas de meterme en la ducha cuando no hace ni 12horas que lo has hecho, y es que estoy con las hormonas revolucionadas, mi termostato no funciona bien todavía, hace 5 meses que volví a ser madre y además de ser 2 años más vieja que cuando escribí mi última entrada en el blog, aún estoy que no me recupero, y porque aún me quedan unos años para los 40 porque si no pensaría que ya tengo síntomas menopáusicos.
Pues ha llovido mucho desde entonces, pero una vez mencionada la novedad más novedosa, que es la de que ahora soy madre doble, no voy a mencionar todas y cada una de las cosas que me han pasado estos 2 últimos años de mi vida.
La cosa sigue más o menos igual, mi vida sigue siendo la misma excepto por el nuevo miembro de la familia, el cual me tiene enamorada, y al que antes de nacer, tenía mis dudas sobre si querría con la misma intensidad que a mi primogénita. Supongo que muchas madres dobles se habrán enfrentado a ese dilema en algún momento, ese miedo de si seremos capaces de querer a nuestro segundo hijo como que hemos querido al primero.
Pués sí, se quiere igual, se quiere incondicionalmente,  y a pesar de las noches en vela, de los sueños de no más de 2 horas, de los miedos, de no tener tiempo de vestirte, de arreglarte, de ducharte a puerta cerrada sin llantos, sin estrés sin dejar de mirar el reloj, a pesar de tener siempre todo por medio, de no tener tiempo de desconectar, de aguantar una conversación de más de 10 minutos en el sofá con tu pareja porque es el tiempo máximo que mis ojos permanecen abiertos en cuanto me siento al final del día y cuando por fin todo ya más o menos está controlado y los niños durmiendo, a pesar.. a pesar de todo esto y mucho más, los quieres, los adoras y removerías cielo y tierra por ellos.
Así que…, en esas estoy, criando y educando a 2 preciosos hijos, escribiendo de nuevo en mi viejo blog, llevando como siempre mi libreta y mi bolígrafo en el bolso, por lo que pudiera surgir, continuando con mis listas, con mis pequeños retos, con mis sueños con mis ilusiones e intentando disfrutar como siempre de “lospequeñosplaceresdelavida”. Hoy he disfrutado con mi café matutino, y al salir de casa me he colocado mis auriculares, he puesto música, (algo alta) en mi i-pod, y he disfrutado del camino hacía el trabajo, del fresquito de la mañana que tanto agradezco, y del momento (que también necesito) tan mío y tan particular de soledad, y que me va también, para sin dejar de caminar, pararme un ratito conmigo misma.



lunes, 5 de noviembre de 2012

Ya lo decía Rubianes



Qué queréis que os diga, estoy inspirada últimamente. O eso, o por fin después de varios meses he conseguido organizarme y encontrar ese tiempo para dedicarme a escribir. 
Bueno realmente, no es que tenga más tiempo que antes, es que estoy dedicando más tiempo al trabajo y entre proceso y proceso, el ordenador piensa, y yo escribo.
Qué moderno y gratificante es esto de ser mujer trabajadora… , ya lo decía Rubianes, “el trabajo dignifica”… y luego añadía con la boca bien llena…. “los cojones”.
Y sí, sí puede dignificar, y te sientes realizado como individuo, te relacionas con otras personas, conoces a otras personas, tienes tus ratos de risas, tus ratos de estrés, tus objetivos, y etc, etc, etc, pero “eco” “cuando arribo a casa”…. Nescafé capuccino, lo que según el autocorrector del iphone, bien podría significar en realidad… “ale guapos, casa, lavadoras, baño niña, cena, luchas, acuerdos, tratos, cuentos, plancha y así…. Hasta que te das cuenta de la hora que es y agotada decides sentarte en el sofá, y dejar que los ojos se cierren lentamente viendo algo que no de demasiados quebraderos de cabeza.
Así que aquí estoy, trabajando, renderizando, e intentando autoconvencerme, de que al final estaré súper dignificada  y megarealizada conmigo misma, eso sí, tendré algunas canas más, más ojeras, quizá alguna arruga más en el entrecejo de tanto fruncirlo, seguramente habré aumentado algunas dioptrías, o si no mi vista estará algo más cansada, la circulación de mis piernas será más densa, como un domingo por la tarde cualquiera en la autopista cuando hace buen tiempo… pero en piernas, mi espalda algo más encorvada, porque esto de mantener la postura es de libro, que al final a veces ni oyes de tan concentrada que estás, como para saber si tienes la pierna cruzada o el labio torcido, qué gracia de manuales y de sus creadores…. , pero oye… dignificada.
El lado bueno de todo esto, es que he vuelto a coger el hábito de escribir, que el verano para mis textos, ya estaba siendo demasiado largo, ni los niños tienen tantas vacaciones como mis letras.
Y yo, pués sí, estoy cansada, a veces frustrada, a veces veo el final, a veces no lo veo, cuando se arregla una cosa, se estropea la otra, y pruebo y empiezo y acabo y vuelvo a empezar, y vuelve a fallar, ahora no, ahora sí, y parece que arranca, resulta que no…. y entonces me levanto, me fumo un cigarro, me tomo un café y vuelta a empezar, y al final, es que es como todo, que sigues intentando no tirar la toalla y seguir adelante.
¿Cortamos tronco? ¡Cortamos!

Buenas noches, os escribo cuando son exactamente las 21:26h del martes 5 de noviembre de 2012.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Hamster? No, gracias


Volvía de comer de casa de unos amigos, mientras mi marido y mi hija dormían. Él a mi lado, ella detrás en su silla, yo conducía. No era demasiado tarde, pero la noche ya era cerrada, igual que ahora, y la radio estaba encendida, aunque realmente no la estaba escuchando, simplemente un leve hilo musical, algo que no me impidiera hablar conmigo misma. A veces lo olvido.
No se si el resto de la humanidad, tiene esos momentos de conversación con uno mismo, pero yo los necesito, necesito hacer autocrítica, necesito animarme, necesito pensar en las cosas que quiero hacer, en como marcarme y conseguir mis pequeños retos, ya no hablo de cosas grandes, eso no son conversaciones, eso son sueños, que tenerlos también los tengo, y espero seguir teniéndolos. Es algo más rutinario, algo más cercano, algo más palpable y a corto plazo. Es como el típico balance del año viejo, esas listas mentales o escritas, que muchos hacemos cuando empezamos un nuevo año.
Como el niño que empieza el cole y necesita estrenar colores, lápices, libretas, carpetas, empiezas algo nuevo, necesitas que todo sea nuevo, y ese 1 de enero de cada año, es cómo volver a empezar, es cómo borrón y cuenta nueva. Una nueva oportunidad, una oportunidad de cambiar, una oportunidad de empezar a hacer deporte, dejar de fumar, hacer dieta, ….
No me gusta que el día 1 de enero sea el día de marcarte objetivos, parece que haces balance de 12 meses de tú vida a una semana de que acabe el mes doce, y no nos paramos a escucharnos ni en enero, ni en febrero, ni marzo…. Cuando estamos en verano ya hemos dado por finalizado el año, casi ya no hay nada que hacer, ya no nos da tiempo,  y dejamos las ganas para el siguiente 1 de enero… y así… pasan los días, pasan los meses y pasan los años. Las listas se quedaron en el cajón, quizá algunos las quemaron en algunos de esos rituales de fin de año, y guardaron sus retos en otro papel que seguro ni recuerdan donde guardaron, porque se olvidaron de ellos el día 20 de enero. Sólo cogen energía para el 1 de enero siguiente, y siempre así, es una rueda que no para de girar, y ahí dentro estamos nosotros como hamsters incansables, esperando a que acabe el año, porque el que viene seguro será mejor.
Yo no quiero esperar al 1 de enero para que mi vida o mi actitud cambien a mejor, yo no quiero dejar de fumar  el día 1 de enero, y seguramente nunca empezaré una dieta un lunes, puedo empezar un jueves, o un domingo o incluso el martes por la tarde…. Y no necesito esperar al mes doce para escucharme a mi misma y repasar los últimos doce meses de mi vida, y entonces hacer mis listas que serían interminables, porque son muchos días pasados y muchos días futuros que son tantos y tan lejanos que no quiero pensar en ellos, porque pensando en ellos me olvido de los de ahora, de mi rutina, de mi día a día, de mis pequeños retos diarios, de mis pequeñas listas de cada día, y de pararme un momento a pensar en mis cosas, de pararme un momento a hablar conmigo misma, de pararme un momento a mirar, a oír, a reflexionar, a imaginar, o simplemente a recordar lo que hice ayer, lo que he hecho hoy, o simplemente… pararme.
Y así hoy, mientras conducía, en ese silencio que realmente no existía, mientras volvía a casa con mi familia, cansada, con ganas de parar el mundo pero sin poder hacerlo, he tenido tiempo de escucharme un rato.
No he solucionado nada, que hablar con uno mismo no es mano de santo, sigo teniendo las mismas preocupaciones, sigo teniendo las mismas cosas por hacer, sigo teniendo los mismos retos, las mismas inquietudes, los mismos miedos. Pero después de discutir un rato conmigo misma, me he sentido mejor, porque siguen estando ahí mis pequeños retos, sigo teniendo mis ilusiones, mis sueños, mis metas, mis pequeñas listas, y eso me hace sentir que estoy fuera de esa rueda que gira y gira sin parar.

Buenas noches, me despido por el momento cuando son exactamente, las 21:24h del domingo 4 de noviembre de 2012.