lunes, 3 de octubre de 2016

Mi primera segunda vez.


Reunión de P3, mi hijo pequeño ha empezado el cole este año. La reunión ha sido larga, calurosa e incómoda, porque al final estás prácticamente dos horas sentada en sillas de niños que apenas miden un metro de alto.
Dos horas, embelesados todos y con la boca abierta y alguna que otra risa en algún momento, cuando la profesora explica alguna anécdota de los pequeños, y deseando empezar a ver los progresos de los que tanto nos hablan en estas reuniones, y que son muchos a esta edad en nuestros hijos.
Sales de ahí, con ganas de estirar las piernas, sobre todo, pero con ganas también, de que la profesora te avise para una reunión individualizada para hablarte de tú hijo o hija y que tú te ensanches poco a poco por lo bonito, gracioso, ocurrente y espabilado que está, y sobre todo si es el primero. Y salir por la puerta de lado, porque claro, te has ensanchado bastante y ya no puedes salir de frente, y con esa sonrisa bobalicona en la cara, que te dura horas y que mantienes todo el día en el trabajo.  Si alguien te pregunta todo es… Muy bien…, (con esa voz aterciopelada y eso tono cantarín) la verdad es que, bueno un poco como es él, ¡pues claro! Es tu hijo, como va a ser. Pero en fin, es que es lo que nos toca, inflarnos, henchirnos, multiplicar nuestro volumen por cuatro y dejar que nos rieguen los oídos con los progresos de nuestros pequeños.
Con el segundo vas por faena, se te quitan miedos y se te olvidan los tiempos propios de la edad, porque además, muchos segundos van a remolque de los primeros, y hay cosas que ya hacen antes que ellos lo hicieran a su edad, pero escucharme, que bien va que te recuerden a veces, que tus hijos son pequeños, que son niños, y que para ellos, aunque no para ti, es su primera vez.
Así que aunque quizá con algo de perspectiva y con cierta experiencia en estos menesteres, pero con la misma ilusión, pienso seguir emocionándome y llenándome de orgullo y satisfacción en las próximas reuniones de mi hijo pequeño, primero por él, porque se merece que lo disfrute igual que con su hermana, segundo también por él, porque se me merece el mismo respeto que mostré con la mayor, y tercero y siempre por él, porque se merece un volver de esa reunión y poder decirle entusiasmada lo bonita que es su clase, lo estupenda que es su profesora, y que me he sentado en su silla y he visto su nombre escrito en la mesa, aunque me haya sido imposible hacerlo porque su sitio ya estaba ocupado.
Y así lo he hecho, y cuando he ido a buscarlo a casa de sus abuelos, así se lo he explicado, y no me ha dicho nada, porque apenas sabe hablar cuatro cosas básicas, pero que contento se ha puesto y que sonrisa me ha regalado, y así, aunque no me haya sentado en su silla, aunque lo que han explicado ya lo había escuchado antes, aunque ya sé cómo funciona exactamente su escuela, aunque ya sabía a qué hora almuerzan, a qué hora bajan a jugar al patio, las canciones que cantan, lo primero que hacen por la mañana, lo que hacen después de comer, y todas esas otras actividades, y juegos y rutinas, para él, ha sido como si su madre acabara de descubrir su clase, su entorno, sus juegos, su sitio, su profesora y su colegio, y todo eso, es suyo y nuestro y es su primera vez, y mi otra primera vez.


Lunes, 3 de octubre de 2016, exactamente las 21:27h.

jueves, 29 de septiembre de 2016


7 alarmas, 7 causas

Con un madrugón por delante me encuentro hoy, sentada delante del ordenador, ordenando el día y desprogramando mi cerebro y las cincuenta alarmas de mi móvil para el fin de semana que se acerca.
Hay pocas cosas que me produzcan tanto placer como el hecho de que llegue el momento de irme a dormir un viernes por la noche y desconectar las siete alarmas que tengo programadas en mi móvil para levantarme.
Siete, sí, como los días que tiene la semana, que curioso, me acabo de dar cuenta; la primera es de aviso, siempre con la intención de que sea la que te haga pegar el bote de la cama, la segunda, de pre aviso, que normalmente es un segundo después, aunque realmente son 10 minutos reales de reloj, la tercera es la que pasa a primera y me advierte y me recuerda que si aprovecho ésta, mi rutina mañanera tiene los tempos asegurados, la cuarta es la de… vamos, que ya tienes que quitarle tiempo al momento café, la quinta es el aviso de que si no estoy ya en la ducha deje lo que estoy haciendo y vaya corriendo, la sexta es la de ya tienes que estar vestida y duchada que es hora de despertar a los niños, y la séptima, sal por la puerta ya, que no llegamos a todo y los niños tienen un caminar más lento y hay que llevarlos a casa de la suegra.
Al final siempre es un estrés porque tu programas tu agenda, pero no cuentas con que siempre falta algo, con que tienes dos hijos y es un milagro que los dos se despierten de buen humor y colaborativos, con que no les apetezca la ropa que tienen preparada para ponerse ese día, tampoco cuentas y por supuesto no controlas, los pipis de urgencia y de ultimísima hora justo cuando estás en la puerta de casa para salir, ni con la bolsa que se te olvida, con el almuerzo, la agenda,  el libro, la carpeta de música, tú propio tupper, la chaqueta que luego te sobra y vas cargando todo el día, las gafas de sol que dejas a última hora en algún sitio de tu casa, porque piensas que no las vas a necesitar, porque te imaginas que el día va a estar nublado, pero que en realidad lo que pasa es que ya no te cabe nada en ese bolso tuyo cuya capacidad está al límite, y luego te arrepientes prácticamente desde el minuto cero de no haberlas cogido, y cuya ubicación y paradero no descubres hasta días después, que es cuando las vuelves a coger y a guardar en tú bolso mary poppins, para darte cuenta que ese día, justo ese día, no te hace falta usarlas ni en un sólo momento, porque además de no hacer sol, llueve, y cómo no, tampoco has cogido paraguas, y como no, ese día tampoco  has cogido la chaqueta, pero lo peor no es eso, lo peor de todo, es que ese día le has puesto pantalón corto y manga corta a los niños, y el chubasquero… ¿Qué es eso?, ni siquiera lo tienes a mano, peor aún, no sabes ni dónde lo tienes, y entonces al final del día, todos habéis pasado frío, os habéis mojado, y llegas a la conclusión, que ahora sí,  que ya está, que se acabó el calor y a la mañana siguiente abrigas a tus hijos como si fuera a caer el diluvio universal, pero entonces tú hija se queja y te dice que pasa calor en la clase, y tú erre que erre, y el niño mira la escena y no dice nada porque no habla, o no se atreve, o quizá ambas cosas,  y entonces la rutinaria discusión de la ropa, y la alarma de salir de casa que empieza a sonar, la séptima,  y los nervios de la madre, yo, que empiezan a alterarse, y al final lo mismo de siempre, que va a hacer frío que te pongas pantalón largo, que si la camiseta de manga larga, que no quiero, que sí, que lo hago por tu bien, el niño que sigue mirando, la niña que sigue en lo suyo, la madre a lo otro, ¡resumen!: todos abrigados de casa, sin gafas de sol, con paraguas, con chaqueta, con pantalón largo con zapato cerrado, con la mochila una, la bolsa el otro, la bolsa del tupper, la carpeta de música, los almuerzos, medio despeinados todos, saliendo de casa preparados para el frío hibernal y aún no he llegado al tren, que ya estoy con ganas de volverme a casa, volverme a duchar, quitarme el zapato cerrado, ponerme unas sandalias, una camiseta de tirantes, un pantalón más fresco y quedarme en mi casa durmiendo, porque después de todo ésto, sólo son las 7:30h de la mañana, y entonces me acuerdo de la primera alarma de todas, la que me tiene que hacer pegar un salto de la cama y llego a la conclusión de que si hubiera conseguido levantarme con la primera, ahora no estaría corriendo como una energúmena por la calle para no llegar tarde al trabajo, así que no hay más, o levanto a los niños en mi cuarta alarma, o me pongo un octava anterior a la primera, porque no hay siete sin ocho, y el ocho es el uno, y el uno es el dos, y ahora de pronto me acuerdo de la canción de mecano la que dice que la quinta es la una y la sexta es la dos,  y así el siete es tres, y un año más y un día más que empezamos con todo y apenas despuntando el alba, pero que queréis que os diga, no lo cambio por nada del mundo.

Buenas noches, cuando son las 23:02h del jueves 29 de septiembre

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Señor Ñ



Miércoles 28 de septiembre de 2016

Parece que voy de 2 en 2, pero contando en años, que difícil es ser constante con las cosas, pero con cualquier cosa la verdad, hasta ponerte crema hidratante a diario, por lo menos en mi caso que se convierte en una rutina diaria que como mucho se mantiene 4 ó 5 días seguidos.

Ahora que pongo el acento en la o, me viene a la memoria, algo que leí hace unos días sobre la nueva no obligatoriedad de acentuar esta vocal entre dos números, y también toda esa lista de palabras que ahora se pueden pronunciar y escribir de manera incorrecta porque ya son aceptadas. Qué curioso esto del lenguaje, la verdad es que me pongo negra, me imagino a un montón de personas, déjenme  que haga volar mi imaginación y empiece a decir barbaridades, (que alomejor no lo son tanto) más bien mayores de cabelleras canosas (sí cabelleras que parece más antiguo y es más ornamental) algunos alopécicos (palabra que no tengo claro que exista, pero puestos a inventar y a aceptar…) con trajes de corte también antiguo, pañuelo en la americana, pitilleras de cuero, y corbatas muy anchas y clásicas apretando cuellos igual que si de una media compresora se tratara, y todos ellos, sentados en su correspondiente silla aterciopelada roja y de tapizado ya gastado y rasposo y con una letra asignada y grabada en letra muy retorcida, ¡y por qué no!, en mayúscula y en minúscula, y el señor I hablando con el señor Ñ, recordando la mala época que pasó este último pensando en que llegaba el final de su  trayectoria profesional y de sus valiosas aportaciones a la lengua castellana, pero luego comenta el señor de la letra C, que ha decidido aceptar cocreta y croqueta, porque lo dice mucha gente y así una cosa que se quita él de encima, no sé el qué, pero así puede seguir hablando tranquilamente con el señor A, que ha puesto su firma y ha dado su Ok a almóndiga, y siguen comentando lo mayores que están los nietos, y que el suyo ya ha acabado filología hispánica y el master del universo y que se casa el verano que viene y que la novia es muy guapa, muy educada y de muy buena familia, de esas que no dicen almóndigas, porque no lo necesitan porque en su casa no comen ese tipo de comida porque es de pobres.

Buff… parece que acabo de tomar aire después de estar aguantando la respiración debajo del agua, me he ido por los cerros de Úbeda, lo sé, porque en realidad yo he empezado escribiendo sobre el tiempo que hacía que no escribía y la constancia, y en pocas líneas de paso, y de manera gratuita y sin ninguna necesidad, también os he dicho que no me pongo crema hidratante, porque constancia ninguna en ése y otros menesteres, y resulta que he acabado hablando de un señor imaginario de la Real Academia de la Lengua Española que va casar a su nieto el verano que viene con una chica muy guapa.

Buenas noches y hasta la próxima.

Me despido por el momento cuando son exactamente las 22:54h del miércoles 28 de septiembre de 2016.