Aquí
estoy de nuevo, casi 2 años después, aunque ya dicen, más vale tarde que nunca.
Ya no diré aquello de... voy a
intentar escribir más a menudo (aunque lo voy a intentar) porque realmente me
cuesta encontrar tiempo para mi, pero a pesar de los meses que han pasado con
todos sus días, todas sus horas, y todos y cada uno de sus minutos, que
sinceramente no me apetece y la verdad no es ningún dato relevante a facilitar,
estoy contenta de que aunque sea tarde, aquí sigan mis líneas y siguen mis
ganas de seguir escribiendo.
Pues bien de nuevo se acerca el
veranito, aunque estamos ya, en esa primavera extraña de la que siempre
renegamos, porque una ya no sabe que ponerse, y sales por la mañana con esa
chaqueta que luego llevas arrugada hasta que te la vuelves a plantar con
arrugas incluidas al final del día, y acabas de nuevo con ganas de meterme en
la ducha cuando no hace ni 12horas que lo has hecho, y es que estoy con las
hormonas revolucionadas, mi termostato no funciona bien todavía, hace 5 meses
que volví a ser madre y además de ser 2 años más vieja que cuando escribí mi
última entrada en el blog, aún estoy que no me recupero, y porque aún me quedan
unos años para los 40 porque si no pensaría que ya tengo síntomas menopáusicos.
Pues ha
llovido mucho desde entonces, pero una vez mencionada la novedad más novedosa,
que es la de que ahora soy madre doble, no voy a mencionar todas y cada una de
las cosas que me han pasado estos 2 últimos años de mi vida.
La cosa
sigue más o menos igual, mi vida sigue siendo la misma excepto por el nuevo
miembro de la familia, el cual me tiene enamorada, y al que antes de nacer,
tenía mis dudas sobre si querría con la misma intensidad que a mi primogénita.
Supongo que muchas madres dobles se habrán enfrentado a ese dilema en algún
momento, ese miedo de si seremos capaces de querer a nuestro segundo hijo como
que hemos querido al primero.
Pués sí,
se quiere igual, se quiere incondicionalmente, y a pesar de las noches en
vela, de los sueños de no más de 2 horas, de los miedos, de no tener tiempo de
vestirte, de arreglarte, de ducharte a puerta cerrada sin llantos, sin estrés
sin dejar de mirar el reloj, a pesar de tener siempre todo por medio, de no
tener tiempo de desconectar, de aguantar una conversación de más de 10 minutos
en el sofá con tu pareja porque es el tiempo máximo que mis ojos permanecen
abiertos en cuanto me siento al final del día y cuando por fin todo ya más o
menos está controlado y los niños durmiendo, a pesar.. a pesar de todo esto y
mucho más, los quieres, los adoras y removerías cielo y tierra por ellos.
Así que…,
en esas estoy, criando y educando a 2 preciosos hijos, escribiendo de nuevo en
mi viejo blog, llevando como siempre mi libreta y mi bolígrafo en el bolso, por
lo que pudiera surgir, continuando con mis listas, con mis pequeños retos, con
mis sueños con mis ilusiones e intentando disfrutar como siempre de
“lospequeñosplaceresdelavida”. Hoy he disfrutado con mi café matutino, y al
salir de casa me he colocado mis auriculares, he puesto música, (algo alta) en
mi i-pod, y he disfrutado del camino hacía el trabajo, del fresquito de la
mañana que tanto agradezco, y del momento (que también necesito) tan mío y tan
particular de soledad, y que me va también, para sin dejar de caminar, pararme
un ratito conmigo misma.
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