domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Hamster? No, gracias


Volvía de comer de casa de unos amigos, mientras mi marido y mi hija dormían. Él a mi lado, ella detrás en su silla, yo conducía. No era demasiado tarde, pero la noche ya era cerrada, igual que ahora, y la radio estaba encendida, aunque realmente no la estaba escuchando, simplemente un leve hilo musical, algo que no me impidiera hablar conmigo misma. A veces lo olvido.
No se si el resto de la humanidad, tiene esos momentos de conversación con uno mismo, pero yo los necesito, necesito hacer autocrítica, necesito animarme, necesito pensar en las cosas que quiero hacer, en como marcarme y conseguir mis pequeños retos, ya no hablo de cosas grandes, eso no son conversaciones, eso son sueños, que tenerlos también los tengo, y espero seguir teniéndolos. Es algo más rutinario, algo más cercano, algo más palpable y a corto plazo. Es como el típico balance del año viejo, esas listas mentales o escritas, que muchos hacemos cuando empezamos un nuevo año.
Como el niño que empieza el cole y necesita estrenar colores, lápices, libretas, carpetas, empiezas algo nuevo, necesitas que todo sea nuevo, y ese 1 de enero de cada año, es cómo volver a empezar, es cómo borrón y cuenta nueva. Una nueva oportunidad, una oportunidad de cambiar, una oportunidad de empezar a hacer deporte, dejar de fumar, hacer dieta, ….
No me gusta que el día 1 de enero sea el día de marcarte objetivos, parece que haces balance de 12 meses de tú vida a una semana de que acabe el mes doce, y no nos paramos a escucharnos ni en enero, ni en febrero, ni marzo…. Cuando estamos en verano ya hemos dado por finalizado el año, casi ya no hay nada que hacer, ya no nos da tiempo,  y dejamos las ganas para el siguiente 1 de enero… y así… pasan los días, pasan los meses y pasan los años. Las listas se quedaron en el cajón, quizá algunos las quemaron en algunos de esos rituales de fin de año, y guardaron sus retos en otro papel que seguro ni recuerdan donde guardaron, porque se olvidaron de ellos el día 20 de enero. Sólo cogen energía para el 1 de enero siguiente, y siempre así, es una rueda que no para de girar, y ahí dentro estamos nosotros como hamsters incansables, esperando a que acabe el año, porque el que viene seguro será mejor.
Yo no quiero esperar al 1 de enero para que mi vida o mi actitud cambien a mejor, yo no quiero dejar de fumar  el día 1 de enero, y seguramente nunca empezaré una dieta un lunes, puedo empezar un jueves, o un domingo o incluso el martes por la tarde…. Y no necesito esperar al mes doce para escucharme a mi misma y repasar los últimos doce meses de mi vida, y entonces hacer mis listas que serían interminables, porque son muchos días pasados y muchos días futuros que son tantos y tan lejanos que no quiero pensar en ellos, porque pensando en ellos me olvido de los de ahora, de mi rutina, de mi día a día, de mis pequeños retos diarios, de mis pequeñas listas de cada día, y de pararme un momento a pensar en mis cosas, de pararme un momento a hablar conmigo misma, de pararme un momento a mirar, a oír, a reflexionar, a imaginar, o simplemente a recordar lo que hice ayer, lo que he hecho hoy, o simplemente… pararme.
Y así hoy, mientras conducía, en ese silencio que realmente no existía, mientras volvía a casa con mi familia, cansada, con ganas de parar el mundo pero sin poder hacerlo, he tenido tiempo de escucharme un rato.
No he solucionado nada, que hablar con uno mismo no es mano de santo, sigo teniendo las mismas preocupaciones, sigo teniendo las mismas cosas por hacer, sigo teniendo los mismos retos, las mismas inquietudes, los mismos miedos. Pero después de discutir un rato conmigo misma, me he sentido mejor, porque siguen estando ahí mis pequeños retos, sigo teniendo mis ilusiones, mis sueños, mis metas, mis pequeñas listas, y eso me hace sentir que estoy fuera de esa rueda que gira y gira sin parar.

Buenas noches, me despido por el momento cuando son exactamente, las 21:24h del domingo 4 de noviembre de 2012.

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